Adentrándose en el Centro de Medellín la melodía de flautas, guitarras, tiples y bandolas, advierte que puede encontrarse con un mundo colmado de arte, movimiento y niños disfrazados de hombres. Es el primer sábado del mes y un juego con el nombre “San Alejo” espera por todos los antojados, cuyos ojos viajan por el Parque Bolívar en un ambiente aromático a base de incienso y de la hierba que inspira a todos los que ven en Jah a un ser supremo.
En toldillos naranjados, amarillos, verdes y otros tantos, azules; reposan una cantidad inimaginable de manillas, aretes, bolsos y faldas hindúes, carrieles y todo tipo de objetos en cuero, y una mujer haciendo rastas; y a su lado están Beatriz Osorio y Aníbal Trespalacios. Se conocieron hace 37 años cuando comenzaban a vender artesanías en el tiempo que el San Alejo tenía lugar en el Teatro Pablo Tobón Uribe. Cuando se trasladó a la Plazuela San Ignacio ya eran novios y juntaban plata para tomar vino e ir a cine.
Hoy, luego de 35 años de casados, recuerdan las miradas coquetas con que Aníbal procuraba llamar la atención de su Beatriz. Ambos tienen una cita mensual en este espacio colorido que invita al consumo de bocadillos, arequipe, galletas, obleas y solteritas bien casadas con quienes caminan cogidos de la mano, como niños que juegan a ser exploradores, y de los que se deleitan los ojos, que se antojan de todo y hacen pataleta en un juego de rebeldía.
Después de las 3:30 de la tarde desaparecen los ataviados en chalecos azules y comienzan a asomarse personajes que traen consigo otras atracciones citadinas que tienen lugar bajo un sol intenso que colma de humedad los rostros de los transeúntes.
“Yo soy muy conchuda, no pago nada, jajaja. Siempre vengo cuando ya se han ido los de Espacio Público. Me caen re-gordos”, dice Marcela Cuervo, una joven de 20 años que va al San Alejo con su hermana menor. Juntas charlan, ríen, toman chicha y comen tortas de lo que ellas llaman “matica santa”, así se les va el tiempo sin pagar los 10.900 pesos necesarios para estar legalmente en el lugar con su negocio.
Un poco de reggae para caminar la cuidad

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