lunes, 12 de septiembre de 2011

[MiniCrónicas] Cotidianidad urbana


El taxista por las circulares
La señora de cabello entrecano, tacones rojos y blusa de flores se montó al taxi, dio la dirección al conductor y comenzó la aventura. Éste le hizo un cumplido y le puso conversa mientras sonaba La Voz de Colombia. Algunas cuadras, otras circulares, muchas avenidas. La señora miró el papelito, miró las calles, miró y miró las calles. “Ay no señor, voy a llegar tarde a la cita” – “Ya voy mi señora, es que hasta un gato se pierde en Laureles”.


En cuestión de 13 minutos
Llegó a Medellín con su esposa y sus dos hijos pequeños. Expele un olor a tierra concentrada, es alto, barbado, con orejas grandes y voz pausada. Desde hace 15 días pasa las noches en las afueras de la iglesia La Candelaria y recibe los sobrados de comida que doña Estella le da cuando el día se duerme y el restaurante del que está a cargo se cierra. Esto lo conocen los del CAI de San Antonio y después de hablar con Acción Social recibieron la respuesta que no deseaban: “No hay más cupos para los desplazados”. Al terminar su historia en un recorrido de algunos kilómetros, Freddy recoge las monedas de puesto en puesto y baja del bus de Guayabal.




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