“Aquí no se van a ganar ni un carro, ni una finca…no se van a hacer ricos pero sí se desaburren”. Es así como un hombre moreno con ojos cansados y habladores atrae a los que quieren ganarse algunas monedas en una tela que Gustavo Herrera tiende sobre el piso de los principales parques del centro de la ciudad, repleta de 100 cuadros con cifras de 300, 400 y 500 pesos.
Gustavo denomina su trabajo como “el juego de los cuadritos”. Los niños le piden a sus padres permiso para jugarlo, unos acceden, otros no. Los que superan los 30 años, por su parte, hacen un intento mayor por que las monedas caigan en el interior de uno de los cuadros, sus ojos se esfuerzan en enfocar un punto fijo en el que debe caer el metal de 100 pesos. La gente alrededor del jugador susurra y da ánimos.
- ¡Hágale, hágale!, métala en esa de 500 jajaja, dice la esposa del jugador.
- Le voy a comprar una rosita, mi amor.
- ¡Esooo!, pa’ que se hagan la cervecita, interrumpe Gustavo mientras pasa un trapo rojo y sucio por su frente.
“Ahhhh, pero así no aguanta”
“Aquí no hay ventaja ni para el tirador ni para mí”. Si la moneda cae justo en el interior del cuadro se gana el valor que éste tenga, si toca la cinta que bordea el cuadro o sale de la tela, la moneda pasa de inmediato a la propiedad de Gustavo, “la gente a veces se queja, pero yo qué hago pues, imagínese que unos le llaman a esto ‘El roba-roba’ jajaja”.Este hombre va los sábados de cada mes al Parque Bolívar a convencer a la gente de que la suerte los espera y de que la puntería los llama con una voz ronca, emergente de un jubilado de 62 años que ve en el “juego de los cuadritos” la manera de conseguir el dinero para suplir las necesidades de su familia en el barrio Manrique Central.

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