lunes, 12 de septiembre de 2011

Juegos urbanos: viento, jabón y miradas


La tarde avanza a un ritmo normal. Los pájaros viajan, descansan, viajan, comen y viajan un poco más. Mientras eso sucede, en el centro del Parque Bolívar, un hombre de camisa verde limón y piel con rastros de brillo juega con burbujas gigantes que hacen pequeños pero significativos recorridos por el aire.

La atención de todos está puesta en las bombas. El hombre abraza con sus piernas un balde lleno de agua y jabones de todo tipo, frota sus manos con más detergente y luego las sopla al tiempo que sus pómulos se expanden a un tamaño comparable con el personaje del Chavo del Ocho. Un Quico paisa que se mueve al ritmo de la música andina que llega a cada rincón del Parque, o de los tambores con los que los negros hacen sus coreografías justo al lado de la Catedral Metropolitana de Medellín.

Algunas de las burbujas mueren en el intento de existir, pero la gran mayoría superan la prueba de “la soplada” y navegan a la vista de punkeros, rastafaris, hippies, indígenas y demás hombres y mujeres que salen a  jugar como infantes antojados de la ciudad que les da la esperanza de quitarse unos años de encima, por lo menos por una tarde.

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